En mayo de 2025, una avalancha de hielo, lodo y escombros destruyó partes del pueblo de Cogne en los Alpes italianos, aislando la localidad de 1.300 habitantes durante cuatro semanas y causando daños por 30 millones de euros en infraestructuras. Cientos de residentes y turistas fueron evacuados en helicóptero tras tormentas cada vez más frecuentes e intensas debido al cambio climático.
Habitantes como Giuseppe Cutano, responsable de protección civil, supervisan reparaciones provisionales de carreteras y tuberías de agua destrozadas, mientras hoteleros como Natali Fatore relatan cómo el lodo llegó a las ventanas de su hotel La Barbe, forzando a huéspedes a refugiarse en pisos superiores.
En Garmisch-Partenkirchen, Alemania, construyen barreras naturales con cauces paralelos y embalses para desviar troncos y rocas durante tormentas extremas, protegiendo el desfiladero de Partnach tras una muerte en 2018. Alcaldesa Elisabeth Koch destaca la fuerza impredecible de la naturaleza, mientras municipios alpinos invierten en obras ambiciosas contra riesgos crecientes.
Los pueblos de montaña, dependientes del turismo, temen que las lluvias intensas conviertan paisajes idílicos en amenazas constantes, debatiendo si convivir con el riesgo o mudarse.