El pastor continúa su sermón sobre el escudo espiritual basado en Isaías 33, enfatizando cómo Dios derrota enemigos como Faraón, Dagón, Belzebú, Goliat, Hamán, Balac, Balaam y el rey de Asiria, convirtiendo maldiciones en bendiciones según Deuteronomio.
Recuerda ejemplos bíblicos donde Dios pelea las batallas de su pueblo sin que tengan que luchar, pulverizando a quienes atentan contra sus hijos, y destaca la fidelidad incorruptible de Dios frente a intentos de soborno como el de Balán contratado por Balac.
Cita Miqueas para afirmar que Dios bendijo en lugar de maldecir, invitando a los fieles a confiar en su protección contra gigantes, brujos y maldiciones.
Enumera promesas bíblicas de Dios como refugio y escudo, desde Jeremías 1:19 ('pelearán contra ti pero no te vencerán') hasta Isaías 54:15 y Oseas 1:7, pasando por Salmos, Samuel, Isaías 44-46 y 59, Zacarías 9:8, Deuteronomio 24 y 33, y Salmo 18:2, donde Dios es roca, fortaleza y espada triunfante.