Sol Pérez evoca su primer beso a los trece años con un chico cuatro años mayor en el club Galicia, idealizándolo tanto que usó cadenita con su inicial fingiendo ser de un amigo.
Admite haber mentido sobre experiencia previa para no parecer inexperta, pero al reencontrarse años después no funcionó la relación, aunque bromea que él debe tener póster suyo ahora.
La historia resalta su enamoramiento intenso de adolescencia, corriendo tras él en el club.