El progresismo latinoamericano y europeo se organiza en una cumbre con líderes como Lula de Brasil, Claudia Sheinbaum de México y el presidente de Uruguay, respondiendo a las cumbres de la extrema derecha y al contexto de guerra global incierto.
Los analistas destacan que Brasil y México representan las dos economías más potentes de América Latina, contrastando con las políticas argentinas que van en contramano, como la reducción de jornadas laborales en España, Brasil y México para mejorar la calidad de los trabajadores.
Se enfatiza la necesidad de respuestas conjuntas a problemas mundiales en un mundo impredecible.