Pinto el Cartero cuenta la historia de Francesca de 8 años y Cassiana de 6 años, hermanitas de Pilar, Buenos Aires, que disfrutan saltando en un trampolín gigante en su casa y la plaza local.
Las niñas muestran en VHS cómo saltan, nadan en la pileta en verano, patinan y compiten. Envían besos a su papá y dedican mensajes cariñosos. Pinto revela que saltar en camas elásticas permite rebotar tres veces más alto que un salto normal, entrena músculos y equilibrio, y por eso los astronautas lo usan.
El segmento incluye un juego de salto imaginario con instrucciones como salto alto, girando y riéndose, para jugar en casa sin necesidad de cama elástica. Topa y Pinto se desafían mutuamente hasta marearse de risa.