El panel admite haber abandonado mesas en restaurantes al ver precios elevados: uno en un sushi que subió de moda tras meses de ausencia, levantándose ante la vergüenza de comensales mientras estaba lleno de gente.
Otro caso involucró un café que salió carísimo, donde un amigo decidió irse pese a la invitación, priorizando no pagar de más. Confiesan no ser tacaños pero rechazan que les vean la cara, usando incluso sombreros para disimular.