Jóvenes como Sanjita y Monisha forjan amistades a través del entrenamiento, superando tensiones históricas. La madre de Sanjita, de origen Santal, inicialmente reticente por riesgos sociales como acoso o falta de matrimonio, permitió su participación. Los niños de 10 a 16 años, hijos de agricultores pobres, aprenden basics y compiten juntos, transformando incomodidad en compañerismo incluso durante disturbios de 2014.
Padres como Organ Arzari y Mola cambiaron de actitud, apoyando la unidad. La aldea organizó una competencia abierta con comida compartida y público animando, creando un espacio común sin intervención gubernamental. El Komlainai devolvió lo que la violencia quitó: reconciliación a través del deporte.