Jey Mammon profundizó en los mandatos familiares que le impidieron dedicarse a la música, recordando cómo su abuelo cerró el piano con llave a su padre, ingeniero con oído absoluto, y cómo su profesora Alicia Pes le hacía bullying por su dedo meñique doblado en el conservatorio.
El artista contó que no encajaba en el ambiente clásico estricto y relacionó esos mandatos con la dificultad para declarar su sexualidad en su época, destacando que en su familia fue complejo por expectativas distintas, aunque las generaciones evolucionan y depende de cada núcleo familiar.
Mammon reveló ser ex catequista y su proceso gradual de salida de la iglesia, diferenciando a Bergoglio de Francisco, a quien considera el mejor papa, y aclaró que su nombre artístico Jey Mammon no fue rebeldía sino casualidad de una banda, rechazando cambiarlo pese a críticas.
Mostró el libro "La simulación en la lucha por la vida" de José Ingenieros, regalo de sus padres al cumplir 40, que habla de máscaras para sobrevivir como en la naturaleza, agradeciendo a sus padres por dejarlo libre en vocación y vida pese a ser de generación conservadora con raíces tano.
Reflexionó sobre usar máscaras como payaso para proteger su fragilidad, el valor de la vulnerabilidad genuina, reencontrarse con amigos y familia, y dio un consejo a su yo de 10 años: seguir sueños y monetizarlos, concluyendo en liberación personal constante.