Las familias de Piros Bajo, en el monte bonaerense, sobreviven en condiciones extremas sin electricidad ni agua potable segura, contaminada con altos niveles de arsénico y flúor que provocan cánceres y dolores crónicos en niños y adultos. Mateo y Marcela, alumnos destacados, aprenden en clases de apoyo pese a las carencias, mientras cuidan animales y enfrentan soledad en casas de barro.
Los padres cortan árboles centenarios para hacer carbón y postes, destruyendo el monte por necesidad alimentaria, ya que las lluvias escasas obligan a recorrer kilómetros por agua. La madre de Marcela relata cómo el arsénico mató a su padre y afecta a su familia, con análisis de pelo confirmando altos niveles en los niños y riesgo hereditario de cáncer de piel y ganglios.
Expertos destacan síntomas como piel endurecida, dientes manchados y muertes prematuras: de ocho hermanos, siete fallecieron de cáncer. La maestra Gaby enfatiza la importancia de la educación para romper el ciclo, mientras un proyecto de bioconstrucción usa adobes locales y planea una red de agua con perforación profunda y ósmosis inversa para filtrar arsénico.
La vida en el monte ofrece calidez y libertad a los niños para jugar con la naturaleza, pero las carencias básicas amenazan su futuro. La educadora sueña con que los chicos estudien y elijan quedarse o partir con herramientas, interpelando activamente a los adultos.