Los ciudadanos de la Unión Europea recorren 443.000 millones de kilómetros al año en tren, una distancia equivalente a 500 viajes de ida y vuelta entre la Tierra y Júpiter.
El ciudadano medio realiza unos 1.000 kilómetros anuales, cifra similar a la del Reino Unido pero con el tráfico concentrado en Londres y el sur. El 95% de ese tráfico ocurre en redes ferroviarias nacionales, con el eje centro-occidental como corazón de la red.
Los pasajeros de Austria, Hungría y Francia lideran con medias de 1.400 a 1.500 kilómetros por persona al año, en contraste con Grecia donde solo recorren 70 kilómetros anuales debido a la baja densidad ferroviaria compartida con Finlandia.
Países como República Checa, Bélgica, Alemania y Luxemburgo destacan por su alta densidad de vías férreas.