Arturo Puig confesó que amó más a su fallecida esposa Selva que a sus propios hijos. La describió como la mujer de su vida, muy inteligente, práctica y divina, destacando su talento como actriz sin petulancia. Recordó el shock al conocerla durante la grabación de Carmiña, cuando sintió electricidad al darse la mano y ella lo sintió como de la familia.
Contó anécdotas del primer beso fuera de texto, como cuando le buscó una aspirina y le agregó azúcar para que no le cayera mal al estómago, gesto que la conquistó. Definieron el amor como un rayo con facetas como respeto, humor, paciencia y sexo, que varió con los años pero persistió hasta hace poco de otra manera.
Admitieron ser muy celosos mutuamente, pero lo manejaron hablando bien a pesar de ser ambos codiciados y talentosos. Recordaron que ella lo llamó "Technicolor" por su aspecto quemado de verano según comentó Elena Tassi.
Esta continuación profundiza en su duelo reciente y la intensidad de su relación de 50 años, marcada por separaciones temporales pero siempre reconciliándose por el amor mutuo.