En Leiva Joyas, Carlos presenta una estatuilla de madera tallada de la dinastía Tang, regalo de una diplomática extranjera por devolver documentos importantes. El tasador confirma que la pieza es auténtica, con tallado perfecto y del período 600-900, pero revela que está hecha de marfil, material prohibido por ley para proteger animales.
Carlos esperaba venderla para ampliar su empresa de limusinas e incorporar a su hijo, que se casa y tendrá un hijo, pero el comercio rechaza la compra porque no hay mercado legal para piezas de marfil. El empresario se decepciona, aunque entiende la situación y confía en que su negocio crecerá igual.
El tasador enfatiza que, pese a su valor histórico, la estatua no se comercializa debido a regulaciones ambientales. Carlos sale sin vender, pero mantiene optimismo por su familia y empresa.