En la escuela Albert Thomas de La Plata, en 1 y 50, alumnos pactan peleas como en el Club de la Pelea, formando un ring improvisado a una cuadra en 1 y 58. Los combates son acordados adentro del colegio, se graban y comparten por links, con espectadores riendo y filmando.
Los chicos terminan abrazándose tras trompadas, como si siguieran códigos, pero generan preocupación por violencia cotidiana. No es la primera: pelean chicas y pibes, incluso con externos. El colegio técnico con 1200 alumnos en cinco disciplinas se conoce más por estos hechos que por su formación. Hay presencia policial a la salida y reuniones con orientación para reflexionar.
La policía de La Plata no da abasto porque los menores se dispersan rápido. Vecinos y autoridades piden prevención con diálogo de padres, docentes y psicólogos, no represión, ya que son jóvenes que ven las peleas como diversión o forma de reconocimiento. Insisten en que la violencia nunca está buena y debe canalizarse en deportes regulados.
Este fenómeno no es aislado en La Plata ni en otras zonas, sube a redes y es visible, por lo que urge ocuparse desde familias e instituciones para evitar riesgos.