La cascada de sangre en el glaciar Taylor, valles secos de McMurdo en Antártida, fluye roja desde un lago subglacial descubierto en 1911 por Griffith Taylor.
El color rojo intenso surge porque el agua, tres veces más salada que el mar, sin oxígeno y con hierro disuelto, se oxida al contacto con el aire.
Este fenómeno extremo desafió a la ciencia por un siglo en una de las regiones más áridas del planeta.