Los nutricionistas explicaron que comemos con los ojos porque la vista permite anticipar el aspecto, color y textura de los alimentos antes de probarlos.
Al tapar la vista, los participantes deben agudizar olfato, tacto y gusto para identificar sabores, ya que la lengua tiene regiones específicas: amargo atrás, ácido y salado en costados, dulce adelante.
La olfación retronasal durante la masticación envía señales al cerebro que evocan recuerdos y placer, mientras que masticar poco impide percibir toda la gama de sabores y requiere más cantidad para saciarse.
Recomiendan masticar hasta formar un bolo alimenticio para iniciar la digestión en boca y disfrutar más con menos comida, promoviendo comer despacio y consciente.