Simón Pedro oye el susurro del Espíritu Santo y confiesa a Yeshua como Mesías e Hijo de Dios viviente, convirtiéndose en piedra viva para edificar la iglesia. El pastor explica que esta revelación del Padre, no de carne ni sangre, es el primer paso para ser templo del Espíritu.
Para ser congregación del Mesías, hay que reconocer al único Elohim verdadero como Padre y Creador, salir de la idolatría y religiones falsas mediante Teshuva. Yeshua enseña a orar al Padre, no a muertos como rabinos o profetas, recordando cómo el arcángel Miguel preservó el cuerpo de Moisés de Satanás para evitar idolatría.
La fe judía completa radica en conocer al Mesías Yeshua, no el Cristo romano nacido el 25 de diciembre. Cristianos deben arrepentirse de errores como judaizarse falsamente o trinidad, ya que Yeshua da primer lugar al Padre y cita Shema Israel: Yud-Hei-Vav-Hei es uno y único, derribando doctrinas trinitarias.