Hernán Testa, ingeniero agrónomo de Lúpulos Andinos, detalla que el lúpulo prospera en El Bolsón gracias a vientos suaves protegidos por la cordillera de los Andes y el cerro Piltriquitrón, a baja altitud de 300 metros sobre el mar.
La planta perenne subterránea y herbácea aérea requiere protección contra vientos fuertes, ausentes en este valle. Testa menciona la historia: Quilmes impulsó el cultivo en los 40 por desabastecimiento de Alemania durante la guerra, extendiéndolo al Alto Valle y comarca andina.
Lúpulos Andinos produce para Quilmes, CCU y cervecerías artesanales de 23 provincias desde 1984. Argentina produce un tercio del lúpulo consumido (200 hectáreas), importando el resto; requiere infraestructura costosa como secaderos y pelletizado.
La popularidad de IPAs aumenta demanda por su alto contenido de lúpulo amargo, alineado al gusto argentino. El cultivo es industrial, similar a yerba mate.
Argentina necesita más hectáreas para autosuficiencia, pero barreras de entrada limitan productores.