La hija de Ricardo Ford, Martita Ford, se mudó de la mansión paterna porque sentía una energía rara, pasos y figuras de personas, incluyendo apariciones de su padre fallecido.
Explicó que la casa tenía historial con mucho movimiento de gente, modelos, gatos y custodios, y quería un espacio propio sin esa energía acumulada.
Testigos afirmaron haber visto al padre en persona, aunque ella nunca lo vio en carne propia, pero experimentó cortes de luz y sensaciones paranormales.