El analista Antonio de la Cruz explica que el Estrecho de Hormuz se convirtió en el epicentro de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, desplazando el foco del programa nuclear iraní.
Esta vía marítima transporta el 20% del crudo mundial, unos 20 millones de barriles diarios hacia Asia, y su control fija el precio internacional del petróleo, elevándolo por encima de los 100 dólares el barril en WTI y Brent.
El impacto genera recesión, inflación y contracción económica global, convirtiendo el estrecho en un arma geopolítica más efectiva que el uranio enriquecido al 60%, que demora en ser amenaza.
Los efectos del petróleo son inmediatos, otorgando poder político y económico instantáneo a quien lo controle en el conflicto.