El pastor enseña que la adoración activa el poder de Dios contra ataques demoníacos o humanos, usando el ejemplo del rey Josafat. Josafat enfrenta a amonitas, moabitas y del monte Seir; Dios le indica poner músicos alabando delante del ejército, y el Señor hace que los enemigos se destruyan entre sí sin bajas israelitas.
Explica que en opresiones laborales, calumnias o insomnio por ataques, alabar a Dios quebranta el poder enemigo. Cita bienaventuranza por mentiras y canción sobre levantar manos para paz y unción.
Insiste en adorar aunque no se sienta la presencia de Dios, pues Él está ahí y transforma situaciones.