La autopsia de Ángel, el niño de 4 años muerto en Comodoro Rivadavia, confirmó al menos 22 golpes solo en la cabeza, dados desde 10 días antes de su muerte hasta el día fatal, provocados por alguien con conocimientos en artes marciales como el padrastro Michael González (o Michael Kevin González). Los golpes se concentraron debajo del pelo para evitar marcas visibles, causando derrames internos, hemorragias y edema cerebral sin fracturas externas ni en la cara.
La progenitora Mariela Altamirano es considerada coautora por no intervenir pese a presenciar los golpes, según testigos; no acompañó al niño en la ambulancia y tenía antecedentes de violencia, como romperle la nariz a otro hijo en Córdoba. El padrastro acumula denuncias por violencia intrafamiliar, de género y tentativa de homicidio. La justicia ignoró estos datos y entregói al niño a pesar de su resistencia, llamando "María" a la madre biológica y "mamá" a la pareja del padre Luis.
Panelistas critican duramente al juez Pablo José Pérez, la psicóloga Jennifer Leyva y asistentes sociales por no verificar el entorno ni antecedentes, entregando al niño a una casa precaria sin seguimiento adecuado pese a videos del nene llorando y pidiendo quedarse con el padre. Se menciona ideología de género y pañuelos verdes como factores, comparando con caso Lucio; exigen jury y destitución. El padre Luis denuncia sesgo por ser hombre y promete seguir luchando.
En móvil desde Comodoro Rivadavia, Alejandro Puebla detalla que usaban un gorro del Hombre Araña para ocultar golpes, el niño tenía hambre en el jardín, cambio de comportamiento notado, y la madre mintió sobre la cabeza "inflada por falta de oxígeno". El bebé de la pareja está bajo custodia; jardín reportó vulnerabilidad pero no actuó.