El Papa León XIV ofrece su comentario al Evangelio del Segundo Domingo de Pascua sobre la aparición de Jesús a Tomás, destacando que la fe se nutre en comunidad cada domingo mediante la Misa, donde se escucha la Palabra, se ora, se profesa fe y se comparte en caridad y Eucaristía.
Subraya la indispensabilidad de la Eucaristía dominical para la vida cristiana, citando a mártires de Abitinia que prefirieron morir antes que renunciar al Día del Señor. Anuncia su viaje apostólico a África y llama a ser testigos de resurrección mediante caridad y reconciliación en un mundo necesitado de paz, invocando a la Virgen María.
Sigue la oración mariana Regina Caeli, que sustituye al Ángelus hasta Pentecostés, en latín con aleluyas pascuales.