Monseñor Jorge García Cuervo, Arzobispo de Buenos Aires, preside la Santa Misa del Segundo Domingo de Pascua, dedicado a la Divina Misericordia, desde la Catedral Metropolitana. La celebración concluye la octava pascual y recuerda a los primeros cristianos que dejaban sus vestiduras blancas para insertarse en la vida cotidiana como seguidores de Jesús resucitado.
Se leen fragmentos de los Hechos de los Apóstoles sobre la comunidad primitiva que compartía bienes y oraba unida; la Primera Carta de San Pedro sobre la esperanza viva por la resurrección; el Salmo responsorial que proclama "Este es el día que hizo el Señor"; y el Evangelio de San Juan sobre la aparición de Jesús resucitado a los discípulos, incluyendo a Tomás el incrédulo, quien confiesa "Señor mío y Dios mío".
En la homilía, el arzobispo reflexiona sobre el miedo de los discípulos con puertas cerradas, la paz que Jesús ofrece, la necesidad de paz en Argentina y el mundo en 2026, citando al Papa León XIV que urge diálogo contra la violencia y armas. Destaca la misericordia en las heridas de Cristo, la alegría de la resurrección y la importancia de la comunidad, invitando a no resignarse a la guerra como recuerda el Cardenal Pizabala.
La misa continúa con el Credo, oraciones de los fieles por la Iglesia, gobernantes, paz mundial y participantes remotos, y la preparación de los dones, bajo el lema "Jesús resucitado, danos tu paz" de la Arquidiócesis de Buenos Aires.