Guille contó su calvario de seis años por una falsa denuncia de violencia de género de una chica circunstancial que buscaba plata, perdiendo trabajos, familia y cayendo en depresión.
Explicó irregularidades judiciales como testigos contradictorios, abogados armando causas vistas en TV, y demoras intencionales pese a pruebas; apeló y fue sobreseído tras pandemia que agravó su situación económica, trabajando como chofer.
Criticó lentitud judicial, revictimización de denunciados y falta de investigación de causas previas de la denunciante; apoya ley contra falsas denuncias como la de Ricardo Biasotti, mencionando casos como Pablo Guisoni.
Relató impacto en su hija de 8 años, quien lo creyó incondicionalmente, y temor posterior en relaciones; rechazó probation para limpiar nombre pese a presiones.
Concluyó afortunado por volver a medios, pero advierte sobre "pymes" de extorsión y daños irreversibles a laburantes.