En Beirut, capital del Líbano, un millón de desplazados, un cuarto de la población, sobreviven en campamentos improvisados en paseo marítimo rodeados de yates y discotecas de lujo.
Con Estado en bancarrota, crisis sanitaria, alquileres disparados y rechazo social, familias huyen de bombardeos en sur y Dajille luchando por higiene y dignidad entre escombros.