Expertos advierten que desarrollar armas nucleares conlleva alto riesgo de detección y ataques preventivos, como ocurrió con las instalaciones iraníes. William Alberque enfatiza que las bombas nucleares no garantizan seguridad eterna y podrían provocar ataques más intensos contra Irán si las hubiera obtenido.
Estados Unidos justificó los bombardeos con bombas antibúnker GBU-57 contra Natanz y Fordow para destruir el programa nuclear subterráneo de Irán. El OIEA calcula que Irán poseía 440 kg de uranio al 60%, suficiente para 10-12 bombas, pero parte fue trasladado a Isfahan y enterrado, negando acceso a inspectores.
Los ataques dañaron reactores de investigación y complejos de conversión de uranio a metal, complicando la fabricación de ojivas. Irán no recibe ayuda externa confirmada para su programa, confiando en capacidades propias. Alberque descarta operaciones terrestres por alto riesgo y bajo beneficio radiológico.
El programa nuclear avanzó sin transparencia pese a controles internacionales, reforzados tras Irak. Países como Arabia Saudita enfrentarían supervisión estricta en programas civiles, obligando a desarrollos clandestinos para armas.