Israel continúa sus ataques en el sur de Líbano buscando mayor profundidad estratégica y seguridad contra Hezbollah, a pesar de que estos bombardeos amenazan las negociaciones indirectas entre Estados Unidos e Irán en Islamabad, Pakistán. Panelistas analizan que esta invasión podría generar nuevos grupos armados similares a Hezbollah, surgido en 1982, y critican que las fronteras israelíes se vuelven más inseguras con miles de muertos en Irán y Líbano.
El opositor israelí Yair Lapid califica a Israel como el mayor perdedor de la guerra, cambiando un líder iraní de 86 años por uno de 56, mientras encuestas en Estados Unidos muestran opinión desfavorable histórica hacia el gobierno de Benjamin Netanyahu. Donald Trump envió a su vicepresidente JD Vance a las charlas, visto como señal de búsqueda de paz ante la crisis energética por el cierre del Estrecho de Hormuz.
Irán acude con desconfianza, encabezado por el canciller Abbas Araghchi y Mohammad Qalibaf, temiendo asesinatos como en negociaciones previas. Pakistán emerge como mediador confiable pese a lazos con Arabia Saudí e Israel, con rol de China en segundo plano. Panel destaca proxies iraníes como Hezbollah y hutíes, y rol spoiler de Israel.
La Guardia Revolucionaria iraní espera en reserva si fallan las charlas de 10 puntos, con límites claros sobre Líbano. Trump es impredecible, ignorando inteligencia, en una política de realismo reflexivo que abrió un boquete peligroso en la guerra.