Belén Francese relata su primer amor a los veinte años por un hombre casado de su zona en Quilmes, generando culpa por su familia conservadora y religiosa, donde era la "oveja negra" por relaciones con distintos padres de sus hijos.
Explica que su madre era cómplice pero su padre ignoraba todo, y el romance no prosperó pese al mutuo enamoramiento, destacando cómo el amor invita a lo prohibido pero madurar disipa culpas juveniles.
Describe su origen humilde con padre repartidor levantándose a las 4 de la mañana, inculcándole la cultura del trabajo que la lleva a rechazar ser mantenida.