El pastor cita múltiples promesas bíblicas que garantizan un encuentro con la manifiesta presencia del Señor para quienes lo buscan de todo corazón, como en Santiago donde si se acercan a Dios, Él se acercará a ellos.
Exhorta a los fieles a anotar versículos como Lucas 11, donde el Padre celestial da el Espíritu Santo a quienes lo piden, Isaías 55:6 para buscar al Señor mientras se le puede encontrar, y Jeremías 29 que asegura hallarlo al buscarlo intensamente.
Enfatiza que la recompensa para adoradores y buscadores es un encuentro sobrenatural con Dios, no su omnipresencia general sino su presencia tangible, y anima a dejar experiencias ajenas para vivir la propia que transforma familias y vidas.
Finaliza con Apocalipsis 3:20, donde Jesús está a la puerta llamando a la iglesia para entrar y cenar como amigos si abren, prometiendo un encuentro personal en hogares, ministerios y trabajos.