Un creyente verdadero, nacido del Espíritu y lleno del Espíritu Santo, no puede ser poseído por demonios porque pertenece a Dios y está protegido. La posesión implica propiedad, pero los cristianos están sellados como de Dios, como enseña el apóstol Pablo en Efesios.
Sin embargo, los creyentes pueden ser oprimidos, influenciados o tentados por demonios si abren puertas mediante el pecado no confesado, como en casos bíblicos de David, Judas, Ananías y Pedro. Jesús libera a los oprimidos que lo consienten, pero no fuerza la liberación.
El pecado es la puerta legal que Satanás usa para entrar en la vida de un cristiano, permitiendo infiltración demoníaca aunque el Espíritu Santo more en nosotros. Pablo advierte no dar lugar al diablo y profanar el templo de Dios conlleva consecuencias.
Ejemplos bíblicos muestran que espíritus malignos pueden influir en predicadores para doctrinas falsas o tentar al pecado, pero no poseer como propiedad.
Se invita al Congreso Internacional Familias Bendecidas del 16 al 19 de julio en Resistencia, Chaco, con tiempo para sordos.