Un niño de siete años encontró a una bebita recién nacida, de unas 38 horas y 2 kilos 760 gramos, abandonada desnuda dentro de una bolsa en un montículo de basura cerca de la estación de Espeleta, envuelta como basura en una noche fría.
La criaturita, bautizada Milagros por el personal de neonatología, se salvó de milagro porque el niño pensó que era un gatito, la abrió y avisó a un adulto; la llevaron a la comisaría sexta y SAME la trasladó al hospital a las 22:40, donde está fuera de peligro tras estudios, vacunas y placas.
La abandonaron en una zona de mucho tránsito cerca del andén, con cordón umbilical aún, en condiciones crueles al intemperie donde pudo morir de hipotermia, atacada por animales o pisada; analizan cámaras de la estación y comercios para hallar a la mamá.
Los periodistas destacan lo salvaje de tirarla como basura sin manta ni ropa, aunque entienden contextos posibles pero insisten en las formas: mejor dejarla en hospital o día en lugar visible, no condenarla a muerte; la beba está bien y la justicia investigará el trasfondo familiar.