Un participante de un reality cuenta que salió de la casa no por cobardía, sino por ataques de pánico provocados por un compañero que la tildaba de violenta durante dos semanas y le impedía dormir.
Explica que el conflicto generó preocupación por su hija, pensando que la niña sufría por su culpa, y priorizó su salud mental al no poder recuperarse sin descanso. Desmiente rumores de problemas psicológicos graves y aclara que jugó pese a la falta de idioma.
Admite no gustarle la sociabilidad forzada y que se mentalizó 15 días para ser simpático en el programa.