La mafia china esclaviza a miles en centros de fraude en Myanmar, como en Miawadi, donde operan fábricas de estafas online que generan miles de millones anuales comparables al narcotráfico.
Víctimas como Patrick K. caen en trampas de sextortion vía Tinder e Instagram: chatean con falsas mujeres asiáticas, son grabados en videollamadas eróticas y chantajeados para pagar o publicar videos comprometedores. Tomás P., jubilado alemán, perdió decenas de miles de euros en falsas inversiones cripto tras ganar confianza con "Shin Wen-ha".
Esclavos como Haolu (Yi Hao Lu) y un cocinero keniata son atraídos con ofertas laborales falsas, torturados y obligados a estafar 16-17 horas diarias. Jay Krithian de una ONG tailandesa recibe llamadas de auxilio y ayuda fugas, pero las mafias usan violencia extrema, incluyendo descargas eléctricas.
Juan Cuocoy ("Diente Roto"), líder de tríadas 14K, invirtió en campamentos como Dongmei. Naciones Unidas vincula estos centros a trata de personas. Investigadores usan IA para rastrear fraudes.
Los estafadores "engordan el cerdo" ganando confianza antes de la "matanza", usando apps falsas que muestran ganancias ficticias.