El arca de Dios estuvo 20 años (7300 días) en casa de Abinadab sin cambio notable, pese a santificar a Eleazar para custodiarla, mientras Israel lamentaba.
En 90 días en casa de Obed-Edom, la misma presencia transformó su vida, familia e hijos; diferencia radica en consagración, oración y búsqueda activa de Dios, no ser espectador.
Instan a ser protagonistas en alabanza y presencia divina para transformación personal y salvación familiar.