La administración Trump interpreta el aumento del tráfico en el estrecho de Hormuz como prueba de que Irán comienza a ceder ante la presión diplomática y militar, aunque mantendrá un monitoreo estricto sobre envíos de misiles y tecnología para evitar reabastecimientos clandestinos.
En Teherán, miles de personas despidieron a Mahid Kademi, jefe de inteligencia de la Guardia Revolucionaria asesinado en un ataque calificado por el régimen como terrorista del enemigo estadounidense sionista. Kademi, veterano en contraespionaje, asumió en 2025 y su muerte representa un golpe estratégico para el aparato de seguridad iraní, dejando vulnerable la cúpula militar ante ataques aéreos de Estados Unidos e Israel.
La Casa Blanca informó sobre conversaciones de alto nivel con China respecto a la situación en Irán, destacando el rol constructivo de Pekín en la desescalada junto a Pakistán. La portavoz Karina Milevich enfatizó la prioridad de restaurar la calma en Oriente Medio y el Golfo.
Esto se enmarca en el contexto previo de bombardeos israelíes en Líbano con 254 muertos, la incapacitación de Irán para armar aliados según Caroline Leavitt, y un plan razonable de Teherán para acabar la guerra tras rechazo inicial de Washington.