Durante días de celebración, Yeshua va a Jerusalén sabiendo que lo traicionarán, torturarán y crucificarán, pese a pedido de Simón Pedro para evitarlo.
Yeshua lo reprende llamándolo "Satanás" por enfocarse en cosas humanas y no celestiales. Minutos antes, Pedro, inspirado por el Padre, confiesa que Yeshua es "el Mesías, el Hijo del Dios viviente", ganando bendición y nuevo nombre Kefas (piedra).
Construyen sobre esa confesión la roca de la iglesia, enfatizando ser templos del Espíritu para edificar la casa espiritual.