Martina, rehén en el tren Roca, relató cómo un ladrón la agarró del cuello con una granada como escudo humano durante 20-30 minutos de negociación tras robar en un mayorista de Temperley. El hombre, perseguido y con alta adrenalina pero no drogado, temía ser abatido por la policía y metía el dedo en el seguro de la granada, mientras ella lo calmaba para sobrevivir.
La policía llegó rápidamente y negoció; un agente llamado Walter se ofreció para canjearse por Martina, quien salió ilesa mientras el ladrón, que se presentó como Daniel o Jorge Daniel, entraba con él. Martina abrazó al policía después y elogió su valentía, destacando que el ladrón mismo sugirió el intercambio.
Durante el cautiverio, Martina mantuvo la calma absoluta, enfocada en tranquilizar al ladrón que tenía un arma y la granada; no pensó en su familia ni en morir hasta después. Viaja frecuentemente en tren pero es su primera experiencia extrema; se mostró serena al contar y rechazó ver al ladrón nuevamente, feliz de estar bien.
El delincuente tenía antecedentes por abuso sexual y quedó en libertad previamente, según se mencionó. Martina avisó a su familia viéndose en vivo por televisión y recibió apoyo inmediato tras el hecho.