El juez Carlos Bruniard procesó al empresario Marcelo Porcel por abuso sexual gravemente ultrajante agravado contra menores de 13 años en contexto de guarda, con al menos 10 denuncias de víctimas que ahora son mayores de edad. Los hechos ocurrieron en tres domicilios en Argentina, incluyendo una torre, otro departamento, una oficina en el microcentro porteño y posibles abusos durante viajes con sus hijos y amigos.
Porcel organizaba fiestas con amigos de su hijo, incitaba a alcohol y juegos perversos con tocamientos, instaló una cámara en el baño para grabar y enviaba dinero vía billetera virtual. La fiscalía de Pablo Turano destaca la sistematicidad y premeditación, aprovechando la confianza y visitas al domicilio.
La justicia demoró dos años pese a la carga probatoria, incluyendo ratificaciones en cámaras CECEL y material que podría vincularse a redes de trata. Porcel permanece en libertad, solo con prohibiciones: no acercarse 300 metros a víctimas, no salir de Argentina y entregar pasaporte en 24 horas.
Periodistas destacan el rol investigativo de Diego Cabot en La Nación y cuestionan por qué no hay prisión preventiva dada la gravedad, el poder del imputado y antecedentes como amenazas a madres y apariciones en el colegio de las víctimas.