Israel atacó ocho tramos de puentes clave en Irán, incluyendo zonas como Teherán, Qom y Tabriz, para interrumpir el transporte de armas y equipo militar del régimen iraní. Las Fuerzas de Defensa de Israel confirmaron la operación, afirmando que tomaron medidas para minimizar daños civiles antes de los bombardeos. Este accionar se produce horas antes del ultimátum de Donald Trump, que amenaza con la destrucción de la civilización iraní si no hay negociación en las próximas horas.
Irán respondió con provocaciones, lanzando misiles con inscripciones directas a la Casa Blanca como "ser un bastardo no es un insulto, es un requisito", redoblando la apuesta frente a las amenazas estadounidenses. Analistas como Gonzalo Bañez y Kevin Ari Levin destacan la escalada dramática, con debates sobre un posible avance territorial en la isla de Jark o costas iraníes para desbloquear el Estrecho de Hormuz, bloqueado selectivamente por Irán. La Guardia Revolucionaria controla el poder real, mientras persisten dudas sobre el líder supremo Khamenei, reportado como incapacitado según la revista Time.
En entrevistas con Nelson Castro y Gabriel Ventasgal desde Tel Aviv, se analiza la falta de interlocutores claros en Irán y la cadena humana pro-régimen frente a plantas eléctricas, aunque con baja participación popular. Sirenas suenan en Israel por misiles balísticos iraníes, y se reportan manifestaciones pro-gobierno en Teherán. La cuenta regresiva de Trump avanza, con cinco horas restantes, sin señales de desescalada pese a mediaciones fallidas de Pakistán, Turquía y China.
Expertos advierten que Irán percibe victoria en la dinámica actual y exige soberanía sobre Hormuz, complicando cualquier cese al fuego. La guerra impacta globalmente, con posibles represalias de Trump contra aliados OTAN por falta de apoyo.