Camila Perochena y Carlos Pañi repasaron la historia del jefe de gabinete creado en la reforma constitucional de 1994 para atenuar el presidencialismo y actuar como fusible en crisis, objetivos que no se cumplieron plenamente.
El puesto acumuló funciones pero siempre quedó subordinado al presidente, quien siguió como jefe de gobierno y comandante en jefe. En crisis como la de 2001, renunció De la Rúa en lugar del jefe Colombo, pese a su rol clave en negociaciones con peronistas y alfonsinistas.
En gestiones posteriores, Néstor Kirchner delegó poco a Alberto Fernández, enfocado en armado político; Cristina usó seis jefes como fusibles en derrotas electorales; Macri dividió roles entre Peña y vicejefes; y en el actual gobierno, Nicolás Posse y Guillermo Francos fueron echados por conflictos con Santiago Caputo, mientras Adorni asume un rol genérico.
Los analistas destacaron que el jefe de gabinete funciona como coordinador de ministros, armador político o gestor según el presidente, pero rara vez contrapesa su poder.