Carlos Tamín, toxicólogo y director del Hospital Fernández, detalló los estrictos controles de trazabilidad para sustancias como fentanilo y propofol en hospitales públicos. Cada ampolla sale de farmacia con registro, se anota su uso en pacientes, y los restos se descartan con testigos (técnico de anestesia y enfermero), volviendo rota a farmacia para reposición.
En respuesta al escándalo de anestesiólogos del Hospital Italiano (Hernán Boveri y Delfina Lanusse), Rivadavia (Leclerc) y otros, Tamín confirmó que el método es falible ante microhurtos o asociaciones, pero improbable grandes sustracciones. Tras el caso, recalcularon stock en Fernández y no faltaba nada. Aseguró que colegas detectan si un anestesista está drogado en quirófano, donde trabaja equipo completo.
La UFI de Javier Sánchez Sarmiento y Lucio Herrera investiga hace tres años sustracciones en seis centros, incluyendo Fernández. Tamín ve posible robo hormiga por distracciones, pero irracional en médicos prestigiosos como Boveri. Sospecha consumos problemáticos, no necesariamente adictivos crónicos. Sobre muertes de Salazar (bomba infusión) y enfermero Eduardo Bentancur (112 ampollas en casa), cree suicido Salazar, pendiente investigación.
Tamín calmó temores públicos: un puñado de casos no mancha al resto; pacientes están en buenas manos por equipos vigilantes. Destacó uso legítimo de estas drogas en terapias, neonatología y quirófanos.