El pastor continuó su prédica comparando la fe verdadera con un pitbull que clava los dientes en la promesa de Dios y no la suelta hasta cumplirla, criticando a quienes abandonan cerca del tesoro por falta de perseverancia, como en un sueño donde cavaban y desistían a centímetros.
Explicó el lavado de pies en la Santa Cena como servicio humilde de Jesús, creador del universo, que se ciñó una toalla para lavar pies de discípulos, instando a jactarse de la toalla no del manto y cultivar corazón de servicio, recordando que la Cena enseña más que salvación.
Alertó sobre Judas presente en la Cena, traidor infiel pese a caminar con Jesús, y dio respaldo a discípulos enviados: quien recibe su mensaje recibe a Cristo y al Padre, enfatizando que predicar el Evangelio es Dios hablando directamente.
Advirtió contra traicionar como Judas, que oyó mensajes, vio milagros pero se apartó; compartió tristeza de Jesús al conmoverse en espíritu por la traición, comparando con apostasía moderna por enojos menores que enfrían la fe y llevan a criticar la iglesia.
Instó a no retroceder, cuidar no caer, rechazar argumentos negativos que carcomen la fe, y tomar la Santa Cena determinando "Judas jamás", criticando a exfieles que alaban luego critican pastores y hombres de Dios.