La industria azucarera de Cuba, antigua columna vertebral económica, produce menos de 200.000 toneladas anuales frente a un consumo de 700.000, obligando a importar de Brasil, Colombia, España, EE.UU. y Chile.
Desde los 90 entró en declive por altos costos y caída de precios mundiales; en 2002 cerraron 71 de 150 ingenios, dejando miles sin trabajo, tierras inactivas y comunidades desvanecidas.
Los ingenios generaban derivados como ron, melaza, fibras y electricidad del bagazo; el gobierno busca reactivar, pero expertos ven viable aunque con desafíos persistentes.