El gobierno de Javier Milei muestra un nerviosismo extremo ante los casos de corrupción y una economía que no arranca, con caída del consumo, inflación proyectada cercana al 3% en marzo y estanflación que genera más desocupados.
Los escándalos no paran, como el de Manuel Adorni investigado por presunto enriquecimiento ilícito y los créditos del Banco Nación otorgados a libertarios.
El presidente exhibe rasgos autoritarios, con intentos de censura a periodistas y rechazo a cualquier control, mientras la realidad golpea con quiebres en economías regionales.
Un gobierno al borde del ataque de nervios evade responsabilidades y se enfoca en atacar en lugar de solucionar problemas de salud y seguridad para los argentinos.