Francia impuso en 1825 a Haití una deuda de 150 millones de francos de oro como condición para reconocer su independencia de 1804, tras la derrota napoleónica en Vertieres. El rey Carlos X envió al barón de Macó con un ultimátum respaldado por una armada, exigiendo compensación a antiguos colonos por plantaciones y esclavos perdidos.
Los inventarios de reclamaciones incluían el valor de esclavos como "hombres, mujeres y niños negros", práctica común en colonias francesas como Guadalupe y Martinica. Haití, incapaz de pagar, tomó préstamos franceses, generando una doble deuda que duró 125 años hasta 1947, fomentando neocolonialismo financiero con control del Banco Nacional de Haití por capital francés.
La deuda causó subdesarrollo, obligando comercio preferencial con Francia, impidiendo inversiones en infraestructura y contribuyendo a inestabilidad, invasión estadounidense en 1915 y dictaduras de los Duvalier con los Tonton Macoute. Bajo Jean-Pierre Boyer, se renegoció a 90 millones en 1838, pero pagos continuaron pese a terremotos y crisis.
En 2003, el presidente Jean-Bertrand Aristide demandó restituciones por 21 mil millones de dólares, pero fue derrocado en 2004 con intervención de Francia y Estados Unidos, según cables diplomáticos. Gestos como la "deuda moral" de François Hollande en 2015 no satisfacen demandas de reparaciones por "deuda odiosa".
La historia revela neocolonialismo vía finanzas, borrando el legado de la primera república negra. Expertos llaman a reparaciones para sanar heridas y reconciliar Haití con Francia, honrando luchas contra esclavitud y colonialismo.