El enfermero Eduardo Betancur, de 44 años oriundo de Gualeguaychú, fue encontrado muerto en un departamento alquilado en Santa María de Oro al 2400 en Palermo, Buenos Aires. Había llegado a la ciudad hace apenas un mes y no trabajaba en ningún hospital, pero poseía un verdadero arsenal de 112 ampollas de drogas de sedación y analgesia como propofol, midazolam, fentanilo, ketamina y otras sustancias hospitalarias.
La autopsia reveló una cardiopatía hipertrófica dilatada con congestión pulmonar, compatible con sobredosis que provoca falla respiratoria y cardíaca. Estaba sentado en una silla con una vía en el antebrazo derecho y signos de venopunción reciente, sin heridas defensivas ni violencia, lo que apunta a consumo voluntario. El cuerpo mostraba signos de descomposición de entre 24 y 72 horas desde la muerte.
Betancur mantenía perfiles activos en redes sociales con 10.000 seguidores en X, Instagram y OnlyFans con contenido para adultos, que fueron desactivados o puestos en privado después de su muerte por alguien con acceso a sus cuentas. La policía incautó tres celulares para rastrear el origen de las drogas robadas de hospitales.
El perito forense Miguel Ángel Miñones explicó que el propofol genera una etapa preanestésica con desinhibición y alucinaciones placenteras, buscada recreativamente, pero una sobredosis relaja el sistema respiratorio fatalmente. Además, Tati Leclerc sumó testimonio admitiendo robo de propofol, fentanilo y ketamina del Hospital Rivadavia para consumo con otros.
El programa cuestiona cuántos hospitales, médicos y muertes hay en esta red de robo y consumo recreativo irresponsable de drogas hospitalarias, vinculado a casos previos como el anestesiólogo Salazar.