La autopsia determinó que Eduardo Betancourt, el enfermero de 44 años encontrado muerto en su departamento de Aquilaba al 400 entre Charcas, falleció por cardiopatía hipertrófica y dilatada con congestión pulmonar, aunque están pendientes estudios histopatológicos y toxicológicos. El cuerpo apareció sentado en una silla con una jeringa en el brazo derecho, cuatro ampollas de fentanilo y midazolam al lado, y en la cocina 112 ampollas de drogas como fentanilo, propofol, clonazepam y dexametasona. La data de la muerte fue el 30 de marzo, cinco días antes de la autopsia, y no se trató de homicidio.
El director del Hospital Fernández, Carlos Damin, toxicólogo con 30 años de experiencia, explicó que el fentanilo es un opioide muy potente usado en anestesia y terapias intensivas, con alto riesgo de sobredosis si no se administra correctamente. En Argentina no hay un problema social masivo como en Estados Unidos, donde causa 100.000 muertes anuales y es la primera causa de muerte entre 20 y 30 años, pero alertó sobre el robo en hospitales, donde hay controles estrictos desde farmacia hasta quirófano con múltiples testigos.
Camila Dolabjian, periodista que investigó el fentanilo contaminado del año pasado, criticó la deficiente trazabilidad desde ANMAT hasta farmacias hospitalarias, con casos de centenas de ampollas sustraídas. Reveló que fuentes internacionales señalan falta de control en Argentina, fomentando un nicho de consumidores entre trabajadores de salud que se expande a fiestas y amigos, creando mercado para narcos sin necesidad de fentanilo ilegal importado.
Los panelistas destacaron coincidencias con la muerte de Alejandro Salazar el 20 de febrero a 5-8 cuadras, ambos trabajadores de salud con drogas similares, y cambio en perfil X de Betancourt. Damin mencionó controles antidoping en anestesiólogos por riesgo laboral, y nunca vio recuperación de adictos a opioides en 35 años.