Andrea Casamento, inspiración de la película La Mujer de la Fila, relató cómo policías confundieron a su hijo Juan, de 18 años, con ladrones de cuatro empanadas en Placita Serrano y lo enviaron seis meses preso a Ezeiza pese a su inocencia.
Describió el sufrimiento en las filas de visitas con frío, incertidumbre, traslados sin aviso y falta de comunicación. Escuchó historias de golpizas, enfermedades sin asistencia y sanciones repentinas. Un día no pudo contactarlo y un preso, Alejo, cliente del abogado, la tranquilizó por teléfono explicándole el sistema carcelario.
Andrea se enamoró de Alejo por sus llamadas diarias que la hacían reír y guiaban sus trámites judiciales. Lo conoció en persona durante una visita, donde él le presentó a su hijo y ella a la hija de él. Se casaron en la cárcel por civil y religioso, pese a los peligros del módulo 3, y tuvieron un hijo llamado Joaquín.
Alejo cumplió 16 años de condena por robos reiterados y salió hace seis años. Ahora trabaja en el municipio de Morón acompañando ex presos. Juntos fundaron ASIFAD, Asociación Civil de Familias Detenidas, para asesorar a familiares de presos y armaron una red internacional.
Andrea elogió a Natalia Oreiro y al director Benjamín Ávila por la película, que visibiliza el drama de las mujeres en las filas. Carmen Barbieri recomendó ver la cinta para entender el sufrimiento de estas familias.