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Sujeción a Dios obliga al diablo a retroceder ante creyentes

Tensión: intercambio (15°) Sesgo: elogio (+100)

El pastor insiste en que la autoridad espiritual no surge de gritos ni fuerza propia, sino de la posición de sujeción a Dios. Si las circunstancias dominan la vida de un creyente, debe revisar su conexión y sumisión a Cristo, no sus músculos, porque el diablo teme solo el respaldo del Rey de Reyes.

Los creyentes revestidos de Cristo tienen autoridad delegada para aplastar al enemigo, como un policía uniformado que detiene el tráfico por el Estado. El infierno no teme al individuo, sino a quien lo respalda, y Cristo ha transferido ese derecho legal.

La sumisión precede a la resistencia según Santiago 4:7; sin ella, cualquier intento de usar el nombre de Jesús falla, como con los hijos de Sceva. La rebeldía anula la cobertura, dejando al creyente desnudo ante las tinieblas.

En la cadena de mando espiritual, Jesucristo es la cabeza, los creyentes representantes, y el diablo al final debe obedecer. La victoria comienza rindiéndose al Comandante para operar con su fuerza delegada.