Tamara Paganini ingresa emocionada a la casa de Gran Hermano en el lugar de Mavinga, luchando por no llorar al reconocer la ovejita Sasha de su edición original hace 25 años, regalo de exnovio que aún conserva junto a recuerdos del reality.
El panel destaca su transparencia y revancha personal, contrastando con su salida abrupta anterior por fama efímera y post-fama riesgoso, según expertos psicológicos.